Noviembre 24, 2008

Una mañana cualquiera en Cozumel

Cuando uno sale a bucear a un lugar llamado Cedral Wall (la Pared del Cedral), enseguida se imagina la escena inicial. El cantil (o acantilado) es el lugar de la costa donde termina la plataforma continental, y donde la profundidad cae bruscamente desde los habituales 20 ó 30 metros a cientos de metros, o incluso más. Literalmente.

Es la mejor representación del abismo. Son habituales las reacciones de vértigo y pánico entre los buceadores menos experimentados, cuando se enfrentan a la visión del gran azul, el azul más oscuro e impenetrable, y que de alguna forma siempre nos atrae (a veces con fuertes corrientes, y otras simplemente a través de la curiosidad ante lo desconocido). Por aquí dicen que el gran azul del cantil siempre llama a los buceadores más incautos, y que hay que hacer todo lo posible por no escuchar su llamada…

Al grano. Si el nombre de la inmersión contiene la palabra “wall” (pared), uno ya sabe que directamente le tirarán en el mismo borde del cantil, y que los próximos 45 minutos transcurrirán contemplando la fauna y las curiosas formaciones coralinas que a modo de terraza submarina despiden los coloridos arrecifes tropicales.

De todos es conocido que las grandes especies: tiburones, tortugas, manta rayas, gustan de habitar las frias aguas de las profundidades, pero que de vez en cuando no tienen mas remedio que visitar el tranquilo y superpoblado arrecife para alimentarse, respirar (en el caso de las tortugas…), desparasitarse, etc…

Suele ser lugar de fuertes corrientes, asi que siempre ha de estar uno en alerta para no “escuchar la llamada del azul” y mantenerse a una profundidad que no exceda los límites de seguridad. El ordenador de buceo (compañero imprescindible para estas aventuras) vigila que no nos salgamos de estos límites y castiga sin piedad nuestros oidos con insistentes pitidos cada vez que hacemos algo mal, obligándonos a mantener ritmos seguros de ascenso y descenso para evitar la temida enfermedad descompresiva.

Todos al agua. Saltamos, y trás el inevitable descontrol inicial del descenso, cuando uno pierde referencia espacial del arriba y abajo, del delante y detrás… localizamos al resto de compañeros de inmersión. Enseguida comprendo que esta no será una inmersión cualquiera. El primer vistazo al borde del cantil y… bingo !!! No es eso un tiburón ???

Cedral-1

Casi no hay tiempo agarrar la cámara y disparar. En décimas de segundo desparece en las profundidades. No estoy seguro del tipo de tiburón que acabamos de avistar, pero seguramente será un tiburón nodriza (nurse shark)…

Es conocido entre los buceadores que la cadena alimenticia funciona en torno a relaciones de conveniencia, y que si uno encuentra peces angel, muy probablemente habrá tortugas en las inmediaciones. Esto es así debido a que las tortugas se pierden por las esponjas coralinas, que son capaces de desgarrar con sus fuertes mandíbulas, y que los peces angel comparten afición, y siempre están dispuestas a disfrutar de las sobras y migajas de éstas.

Durante los primeros minutos de inmersión estamos encontrando varios ejemplares de peces angel, algunos de ellos los más grandes que he visto en mi vida. Es sabido que los buceadores gustan de exagerar los tamaños y experiencias vividas bajo el agua, pero sinceramente, juraría que alguno de ellos mide más de medio metro…

Cedral-7

Y como no podía ser de otra forma en un día tan afortunado como este, enseguida me doy de bruces con una escena digna de un documental de La Dos:

Cedral-2

Varios ejemplares de pez angel rodean una preciosa tortuga carey. Aviso en cuanto puedo al resto del grupo. Parece un ejemplar joven, y en cuanto me ve, decide dejar lo que estuviera haciendo y salir pitando.

Aun no se como, busco la forma de pasarle mi cámara a un compañero de inmersión para que me tome una foto con ella… Aleteo frenéticamente para colocarme trás ella. Seguro que en unas semanas adornará la corchera de mi lugar de trabajo y servirá de recuerdo imborrable de los privilegiados momentos vividos durante estas vacaciones.

Cedral-3

Han pasado más de 30 minutos desde que nos tiramos al agua desde la plataforma del barco. Queda poco aire en la botella. La historia se repite. Por algún motivo siempre se me acaba el aire antes que a los demás y me toca subir solo… Que envidia me da esta gente que tiene los pulmones pequeños, o que son capaces de que la misma botella les dure media hora más que a mí. Asi es la vida…

Empiezo a hacerme a la idea de que la cosa se ha acabado, que he de empezar a calcular con cuidado la velocidad de ascenso, controlar y dosificar el poco aire que queda, y prepararme para respetar la parada de seguridad a 5 metros de profundidad durante 3 minutos (algo realmente complicado de hacer cuando uno lleva a la espalda un tanque vacio que tira con fuerza hacia arriba como si de un globo se tratase). 

Y en estos pensamientos estamos, cuando de detrás de una roca surge… otro tiburón !!! Pero esta vez, de frente, y muy, muy cerca… Calculo que estará a un par de metros (ya serán tres o cuatro me dirán luego el resto…).

Acierto a fotografiarle cuando se cruzan nuestras miradas. De nuevo se trata de un tiburón nodriza. En realidad el tiburón nodriza es a la familia de los tiburones, lo que un gatito a la familia de los grandes felinos. Aun así alucino cuando veo sus pequeños ojitos fijados en mi humilde persona. 

Cedral-4

Enseguida se da cuenta que no soy comida para él (afortunadamente), y se gira para salir pitando (lo de que los tiburones atacan a las personas no es una leyenda urbana, pero casi…). Acierto para tomarle otra foto de perfil. Está tan cerca que no me cabe entero en el encuadre...

Cedral-5

En pocos instantes desaparece en el arrecife como alma que lleva el diablo. Creo que la mayoría del grupo no ha llegado ni siquiera a verlo.

Cedral-6

Ahora si que he de pensar en subir YA los más de 10 metros que me separan de la superficie, y controlar muy mucho el poco aire que me queda. La emoción del último sobresalto me ha debido costar la mitad de mi reserva.

Salgo con apenas una pequeña brizna de aire en la botella… insuficiente para llenar completamente el flotador de mi chaleco. Al menos no he tenido que saltarme niguna parada de seguridad, ni pedir aire a ninguno de mis compañeros. Por los pelos… :)

Cedral-8

Los del barco me han visto salir (yo por si acaso les enseño un poco mis aletas amarillas, un truco que me enseño mi amigo Pepe Esteban…) y al poco estoy en cubierta tranquilamente, saboreando unos trozos de fruta, mientras espero al resto de mis compañeros…

Hay que cuidarse, que en un par de horas nos espera otra inmersión… Así de dura es la vida en el paraiso… :)

PS: Quiero dedicar este post a la gente de Dressel Divers del hotel Iberostar Cozumel, México (Eva, David, Urtus, Matta, Rachel, Black, Francisco, Luis, y todos los que olvido) con quien tan buenos momentos estoy compartiendo y que tan bien están cuidando de mi. Muchas gracias por todo.

Escrito por David el Noviembre 24, 2008 11:10 PM en Personal , Viajes y Lugares .