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El pasado mes de abril hicimos un viaje relámpago a Cáceres. Se trataba de un viaje prometido hace tiempo, para que parte de mi familia materna conociese a Nerea.
Es extraño volver como adulto al lugar donde uno disfrutó intensas y largas temporadas como adolescente. Es curioso que sea ahora, después de viajar por medio mundo, cuando aprecie realmente la belleza e importancia de todo lo que esta ciudad tiene que ofrecer al forastero.
En el caso de Cáceres, la ciudad medieval es sencillamente única. Pasear por sus calles inevitablemente te transporta a otra época, arropado por las mansiones de las familias nobles que por entonces dominaban la vida social de la urbe, como la de los Golfines de Abajo, lugar donde llegaron a alojarse los Reyes Católicos durantes sus visitas.
Otro de los lugares de máximo interés en la ciudad medieval es la Catedral, también conocida como Concatedral de Santa María, que a pesar de su espartano aspecto exterior, bien merece una visita:
No perderse las elaboradas nervaduras de sus bóvedas:
Una estatua de San Pedro de Alcántara (un santo local) preside una de sus esquinas exteriores, y la tradición manda que todo el que pase por allí debe besar sus pies, que con el paso del tiempo muestran huella de tan efusivo fervor.
Quizás la próxima vez haya tiempo para más fotos. Mucho me temo que esta pequeña muestra no hace justicia a esta bella ciudad... |